Sueño de agonía y esperanzas
Nostariel ¿Qué extraños designios los había llevado a aquellos bosques encantados? ¿Qué importancia tenía aquel sitio en su viaje?. Probablemente ninguna, pero allí estaban. Accidente, casualidad, atrapados en un lugar al cual no tenían intenciones de llegar, prisioneros de humanos aparecidos de la nada. Desvío innecesario, encuentro inesperado. ¿Era acaso una jugarreta de los dioses? o tal vez obra de una voluntad aún superior.
De no ser humanos habrían buscado un modo de escapar, escabulléndose en los interminables senderos ofrecidos por los árboles o intimidándolos con el calor de las llamas. Pero se trataba de humanos, hombres ágiles, que les habrían cortado el paso ante cualquier intento. No tenían otra opción más que bajar los brazos y guardar silencio. Sus edades eran variadas, desde adolescentes hasta ancianos conformaban la compañía, que ante el llamado de una voz al mando salieron de sus escondites. Perfectamente camuflados, eran al menos una veintena.
La voz pertenecía a una joven muchacha de cabellos oscuros, quien personalmente ató y amordazó a los viajeros. Fueron conducidos a través del bosque en una incansable caravana que parecía ignorarlos, acostumbrados quizás a esta labor. Sólo al final del día se detuvieron a descansar, dejando a los prisioneros olvidados junto a una hoguera. De mala gana esperaron allí a que los desataran y, obviamente, los interrogaran.
Cuando todo el campamento estuvo organizado se acercó finalmente la misma mujer de antes. Vieron cómo dos hombres quisieron acompañarla pero ella no lo permitió y les pidió que se alejaran. Extraña conducta, pensaron. Luego de desatarlos se sentó junto a ellos sonriendo falsamente.
- Y bien, ¿me dirán qué hacen en estos bosques?
- ¿Tú nos dirás quién eres? – contestó Darian en el mismo tono de aparente amabilidad.
- No están en condiciones de hacer preguntas.
- Y tú tenías derecho a apresarnos.
La conducta autoritaria de la joven molestaba aún más a Alaniel, aires de importancia en los que no creería si no le daban una razón para hacerlo. La tensión fue clara entre ambos rostros inalterables. Agachando su mirada y sonriendo nuevamente la muchacha cambió su actitud.
- Está bien, está bien, seré amable con ustedes. Mi nombre es Mia y estoy a cargo de estos hombres. Los vimos salir de Lirien esta mañana – explicó – fue por eso que los capturamos. Estos bosques son nuestro hogar pero nadie, absolutamente nadie entra en ése, está prohibido.
- ¿Prohibido por quién?
- Es una ley que se conserva hace tiempo. Todo Nostariel es peligroso, y Lirien aún más, nadie vuelve con vida de aquel lugar. Pero ustedes parecen estar perfectamente bien.
- Ningún bosque es peligroso – intervino Amilith, distrayendo la atención de Mia – El peligro lo llevan quienes entran en ellos.
- Entonces asumiré que ustedes son inofensivos. Es tarde, deberías descansar.
Ordenó comida caliente y bebidas ara todos y preparó un lecho para amilith. No continuaría la conversación con ella presente así que esperaron que se durmiera, al igual que los demás miembros del grupo, salvo dos o tres vigías.
- ¿Son cazadores? – preguntó el de ojos grises cuando todo estuvo en silencio.
- No, no matamos por placer. Llámanos pueblo de los bosques – corrigió.
- ¿Pueblo de los bosques? – cuestionó Alaniel – Demasiado honor para simples humanos.
- ¿Eso significa que tú no eres humana? – Mia sabía lo que buscaba – Vi cómo incendiaste nuestras flechas, ¿qué eres? ¿una guardiana?
Se miraron sorprendidos, sin saber qué decir. ¿Cómo era posible que ella supiera tal cosa? Debía tratarse de suposiciones, nada más.
- Sí, sé sobre ustedes. Esa cadena que llevas al cuello lo dice todo – dirigiéndose a Darian- ¿Qué otra criatura tendría una piedra de fuego si no es él mismo un servidor del fuego?
De entre sus ropas sacó entonces una cadena de plata con una joya semejante y la alzó ante las miradas interrogantes, como si de un símbolo secreto se tratara.
- ¿Dónde conseguiste algo así? – alaniel exigía una respuesta.
- Ha estado en mi familia durante años. Perteneció a mi bisabuelo, un guardián del Norte.
- ¿Tu bisabuelo?
- Así es. Él nunca estuvo aquí ni conoció a su hijo, pero en su lugar conservamos esto.
La luz en el corazón de la piedra estaba extinta, seguramente el no ser utilizada durante tantos años era la causa, pero eso no quitaba su legitimidad. Una mirada comprensiva marcaba el rostro de Darian, se había quedado sin palabras y todas sus interrogantes quedaron resueltas al instante. La incomodidad de Alaniel no pudo más y se levantó, furiosa. Sólo con eso él reaccionó y fue tras ella.
- ¡Te juro que no tengo nada que ver con Mia ni su familia! – se apresuró en decir.
- ¿No? ¡¿Por qué tiene un talismán entonces?!
- ¡Hey! El mío está aquí, no me involucres en esto.
- Pudiste cambiarlo, tenías dos piedras – aseguró ella.
- ¿Qué tontería estás diciendo?
- Estabas en mi sueño. Vi cuando Ethiel fue invadido y tú tenías dos piedras.
Silencio. Los ojos color ámbar no podían disimular su descontento y las palabras acusadoras lo recalcaban. Pero su compañero no respondió y aún así seguía mirándola a la cara. Cerró los ojos para despejar su mente y marchó en dirección contraria.
- ¡Alaniel! – llamó él al verla alejarse.
- ¿Qué?
- Estás celosa.
Muchas cosas sucederían antes que la doncella de fuego comprendiera la importancia de aquel encuentro. Un lazo de largos años era el responsable de su presencia en ese lugar, vínculo proveniente de una época de la cual ella no guardaba recuerdos. Orgullosa, decidió ignorar el asunto, negándose a participar en posteriores diálogos, limitándose a seguir el rumbo que los demás trazaban.
La jornada siguiente fue idéntica a la anterior. Marcharon todo el día rodeados por la compañía de arqueros, sin detenciones, sin palabras. Nueva noche y la conversación sin testigos se repitió, esta vez sólo Darian y Mia.
- ¿Qué sabes sobre los guardianes?
- Lo necesario. Segundos o terceros en linaje, su función es acompañar y proteger a los dioses. Además pueden invocar los elementos, distinguiéndose de espíritus o hechiceros por esas gemas que siempre portan.
- Pareces instruida. ¿Es todo lo que sabes sobre ellos?
- Sí, es todo lo que sé sobre ustedes.
Tercera noche y las cumbres nevadas cada vez estaban más cerca. Mia decidió escoltarlos hasta los pies de Evaniel, pues ya no llevaba consigo a intrusos o prisioneros, sino seres nobles a quienes debía respeto.
- Realmente son extraños – mencionó la de cabellos oscuros
- ¿Por qué lo dices?
- Este nunca ha sido un lugar seguro. Vivimos aquí pero procuramos nunca estar solos, por eso viajamos en grupos numerosos. Sin embargo con ustedes ni siquiera la caída sorpresiva de una rama rota sin motivo o una raíz levantada ha interrumpido nuestros pasos. Parece que el hechizo que envuelve a Nostariel es incapaz de alcanzarlos.
Cuarto día y finalmente habían llegado. Ante ellos se alzaban imponentes las altas montañas de Evaniel, formando un extenso muro con un único acceso desde el sur. Era el fin de largas jornadas, deseos y demoras, pero sólo el principio de todo lo que aún debían conseguir.
Cálida fue la despedida de Darian y Mia, sin exceso de palabras, sólo un abrazo sincero y un “gracias por todo” pronunciado por la muchacha.
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