martes 16 de noviembre de 2010

Relato de un hada 1

Efímera niebla que vela los primeros destellos del sol en las gélidas mañanas invernales. Triste rocío que derrama sus lágrimas sobre la hierba, salpicando los temerosos capullos de pequeñas flores que se preguntan si acaso es el momento correcto de abrir sus ojos al mundo o si se han equivocado y deben invocar otra vez el sueño. Titilantes destellos que dejan huellas en el haz de hojas senescentes, compartiendo su pena, aferrándose a la vida. Como esa diminuta gota que abrazando el suelo se desvanece, las hojas de los árboles se desprenden y descansan para siempre en esa alfombra dorada donde una ardilla busca y busca los frutos ocultos de la temporada pasada. La ajetreada criatura, inconciente del mundo, encuentra su tesoro, lo contempla un instante con deleite y luego corre a su madriguera. Pero a pocos pasos de llegar, en un ritual diario se detiene, alza su mirada entre expectante y lejana hacia el norte, hasta que sopla el viento junto a ella y se marcha...

¿Aún esperas ese día pequeña amiga? ¿Todavía crees en los milagros? ¿Tanto ansías cruzar ese lago donde el tiempo está detenido, o es que esperas que avance? - Suspiro - ¿Ella aún está soñando.., verdad?

miércoles 8 de septiembre de 2010

La creación de Gea

...


Valyanné anhelaba un mundo hermoso. Para hacerlo posible dividió sus pensamientos en elementos primordiales. Cuatro poderes con aspectos y facultades diferentes... mas eran parte de ella. Los pensamientos se separaron y Valyanné los envió a formar parte de la energía. Entonces surgieron los primeros entes, nacidos cuando Gea aún no tenía forma, pues ellos se encargarían de modelarla.
Por ser el elemento más estable, la energía de Tierra fue dispuesta como superficie del mundo. El vigor de Fuego sería su corazón. Para atenuar los efectos de Fuego y brindar aliento, sus venas tendrían la energía de Agua. Pero sobre Tierra y Agua, como una bóveda estaría Aire, protegiendo a Gea del abismo.

Listas estaban las materias de la construcción del mundo, sin embargo poco durarían si no se conectaban a la demás energía. Aquello que no tenía forma pero era fundamental para nutrir a Gea. Por lo tanto, Valyanné le ordenó a la energía que siguiera un ciclo, para renovarse constantemente y así evitar el agotamiento. Y en medio de Gea puso un árbol.
Profundas eran las raíces del árbol pues distantes estaban los cimientos del mundo. Como una gran red abrazó a Gea desde las profundidades, hasta alcanzar el abismo. Allí afuera estaba la fuente y el árbol se regocijó. Cual savia la energía ascendió por los múltiples caminos hasta llegar al gran tronco plateado. Subió y subió y se separó de nuevo, alcanzando cada rincón del frondoso cuerpo, hasta colmarlo. Un nuevo aspecto adoptó entonces y Gea conoció la Luz.

Perfectamente marchaban las obras de Valyanné. Cinco grandes poderes la ayudarían a hacer realidad el sueño transmitido por la Eternidad. Así que reunió a las deidades en torno al Árbol y les habló.

- Un sueño me fue entregado. Una visión de lo que Gea es y será. Y ustedes son parte de ese sueño, porque nacieron de la energía que rodea al mundo y la energía tiene el poder de crear. Son fragmentos… hechos realidad. Provienen de mis pensamientos, aunque yo misma fui creada por deseo de alguien más. Aquella que tuvo el sueño, la Eternidad.

Difícil fue para los dioses imaginar la grandeza existente en las palabras de Valyanné. Aunque bastaron para comprender cuán diminutos eran comparados con la Eternidad. Sin embargo, se maravillaron al descubrir que la visión también estaba en su interior. Cada uno, según el papel que le tocaba cumplir veía las obras que debía llevar a cabo. Supieron que Gea sería hermosa.
Pero más allá de sus dominios y la forma del mundo, los dioses no supieron. Pues la Eternidad continuaba soñando y la visión aún no era revelada.
Valyanné creyó entonces necesario dar nombres a los dioses. Tal como Gea es el mundo, una palabra capaz de expresar lo que cada uno es con sólo pronunciarla. Intentando capturar su esencia en palabras, Valyanné bautizó a los dioses.
Ea fue el nombre dado a la diosa Tierra, Faieth a la encarnación del Fuego. La diosa Agua sería Neryan y el poder de Aire, Isylia. Finalmente, aunque no por ello menos importante, fue nombrada Drysis, diosa y guardiana del Árbol.

domingo 29 de junio de 2008

Sueño de agonía y esperanzas

... Sueño. Niebla rojiza cubriendo el cielo. Abismo de culpa, dolor y lágrimas. Las cadenas de odio se rompen y una decisión es tomada. Último abrazo, último aliento. Agua y Fuego enviados al cielo...



Nostariel ¿Qué extraños designios los había llevado a aquellos bosques encantados? ¿Qué importancia tenía aquel sitio en su viaje?. Probablemente ninguna, pero allí estaban. Accidente, casualidad, atrapados en un lugar al cual no tenían intenciones de llegar, prisioneros de humanos aparecidos de la nada. Desvío innecesario, encuentro inesperado. ¿Era acaso una jugarreta de los dioses? o tal vez obra de una voluntad aún superior.

De no ser humanos habrían buscado un modo de escapar, escabulléndose en los interminables senderos ofrecidos por los árboles o intimidándolos con el calor de las llamas. Pero se trataba de humanos, hombres ágiles, que les habrían cortado el paso ante cualquier intento. No tenían otra opción más que bajar los brazos y guardar silencio. Sus edades eran variadas, desde adolescentes hasta ancianos conformaban la compañía, que ante el llamado de una voz al mando salieron de sus escondites. Perfectamente camuflados, eran al menos una veintena.
La voz pertenecía a una joven muchacha de cabellos oscuros, quien personalmente ató y amordazó a los viajeros. Fueron conducidos a través del bosque en una incansable caravana que parecía ignorarlos, acostumbrados quizás a esta labor. Sólo al final del día se detuvieron a descansar, dejando a los prisioneros olvidados junto a una hoguera. De mala gana esperaron allí a que los desataran y, obviamente, los interrogaran.
Cuando todo el campamento estuvo organizado se acercó finalmente la misma mujer de antes. Vieron cómo dos hombres quisieron acompañarla pero ella no lo permitió y les pidió que se alejaran. Extraña conducta, pensaron. Luego de desatarlos se sentó junto a ellos sonriendo falsamente.

- Y bien, ¿me dirán qué hacen en estos bosques?
- ¿Tú nos dirás quién eres? – contestó Darian en el mismo tono de aparente amabilidad.
- No están en condiciones de hacer preguntas.
- Y tú tenías derecho a apresarnos?.

La conducta autoritaria de la joven molestaba aún más a Alaniel, aires de importancia en los que no creería si no le daban una razón para hacerlo. La tensión fue clara entre ambos rostros inalterables. Agachando su mirada y sonriendo nuevamente la muchacha cambió su actitud.

- Está bien, está bien, seré amable con ustedes. Mi nombre es Mia y estoy a cargo de estos hombres. Los vimos salir de Lirien esta mañana – explicó – fue por eso que los capturamos. Estos bosques son nuestro hogar pero nadie, absolutamente nadie entra en ése, está prohibido.
- ¿Prohibido por quién?
- Es una ley que se conserva hace tiempo. Todo Nostariel es peligroso, y Lirien aún más, nadie vuelve con vida de aquel lugar. Pero ustedes parecen estar perfectamente bien.
- Ningún bosque es peligroso – intervino Amilith, distrayendo la atención de Mia – El peligro lo llevan quienes entran en ellos.
- Entonces asumiré que ustedes son inofensivos -sonrió. Es tarde, deberías descansar.

Ordenó comida caliente y bebidas para todos y preparó un lecho para Amilith. No continuaría la conversación con ella presente así que esperaron que se durmiera, al igual que los demás miembros del grupo, salvo dos o tres vigías.

- ¿Son cazadores? – preguntó el de ojos grises cuando todo estuvo en silencio.
- No, no matamos por placer. Llámanos pueblo de los bosques – corrigió.
- ¿Pueblo de los bosques? – cuestionó Alaniel – Demasiado honor para simples humanos.
- ¿Eso significa que tú no eres humana? – Mia sabía lo que buscaba – Vi cómo incendiaste nuestras flechas, ¿qué eres? ¿una guardiana?

Se miraron sorprendidos, sin saber qué decir. ¿Cómo era posible que ella supiera tal cosa? Debía tratarse de suposiciones, nada más.

- Sí, sé sobre ustedes. Esa cadena que llevas al cuello lo dice todo – dirigiéndose a Darian- ¿Qué otra criatura tendría una piedra de fuego si no fuera él mismo un servidor del fuego?

De entre sus ropas sacó entonces una cadena de plata con una joya semejante y la alzó ante las miradas interrogantes, como si de un símbolo secreto se tratara.

- ¿Dónde conseguiste algo así? – Alaniel exigía una respuesta.
- Ha estado en mi familia durante años. Perteneció a mi bisabuelo, un guardián del Norte.
- ¿Tu bisabuelo?
- Así es. Él nunca estuvo aquí ni conoció a su hijo, pero en su lugar conservamos esto.

La luz en el corazón de la piedra estaba extinta, seguramente el no ser utilizada durante tantos años era la causa, pero eso no quitaba su legitimidad. Una mirada comprensiva marcaba el rostro de Darian, se había quedado sin palabras y todas sus interrogantes quedaron resueltas al instante. La incomodidad de Alaniel no pudo más y se levantó, furiosa. Sólo con eso él reaccionó y fue tras ella.

- ¡Te juro que no tengo nada que ver con Mia ni su familia! – se apresuró en decir.
- ¿No? ¡¿Por qué tiene un talismán entonces?!
- ¡Hey! El mío está aquí, no me involucres en esto.
- Pudiste cambiarlo, tenías dos piedras – aseguró ella.
- ¿Qué tontería estás diciendo?
- Estabas en mi sueño. Vi cuando Ethiel fue invadido y tú tenías dos piedras.

Silencio. Los ojos color ámbar no podían disimular su descontento y las palabras acusadoras lo recalcaban. Pero su compañero no respondió y aún así seguía mirándola a la cara. Cerró los ojos para despejar su mente y marchó en dirección contraria.

- ¡Alaniel! – llamó él al verla alejarse.
- ¿Qué?
- Estás celosa.


Muchas cosas sucederían antes que la doncella de fuego comprendiera la importancia de aquel encuentro. Un lazo de largos años era el responsable de su presencia en ese lugar, vínculo proveniente de una época de la cual ella no guardaba recuerdos. Orgullosa, decidió ignorar el asunto, negándose a participar en posteriores diálogos, limitándose a seguir el rumbo que los demás trazaban.
La jornada siguiente fue idéntica a la anterior. Marcharon todo el día rodeados por la compañía de arqueros, sin detenciones, sin palabras. Nueva noche y la conversación sin testigos se repitió, esta vez sólo Darian y Mia.

- ¿Qué sabes sobre los guardianes?
- Lo necesario. Segundos o terceros en linaje, su función es acompañar y proteger a los dioses. Además pueden invocar los elementos, distinguiéndose de espíritus o hechiceros por esas gemas que siempre portan.
- Pareces instruida. ¿Es todo lo que sabes sobre ellos?
- Sí, es todo lo que sé sobre ustedes.

Tercera noche y las cumbres nevadas cada vez estaban más cerca. Mia decidió escoltarlos hasta los pies de Evaniel, pues ya no llevaba consigo a intrusos o prisioneros, sino seres nobles a quienes debía respeto.

- Realmente son extraños – mencionó la de cabellos oscuros.
- ¿Por qué lo dices?
- Este nunca ha sido un lugar seguro. Vivimos aquí pero procuramos nunca estar solos, por eso viajamos en grupos numerosos. Sin embargo con ustedes ni siquiera la caída sorpresiva de una rama rota sin motivo o una raíz levantada ha interrumpido nuestros pasos. Parece que el hechizo que envuelve a Nostariel es incapaz de alcanzarlos.


Cuarto día y finalmente habían llegado. Ante ellos se alzaban imponentes las altas montañas de Evaniel, formando un extenso muro con un único acceso desde el sur. Era el fin de largas jornadas, deseos y demoras, pero sólo el principio de todo lo que aún debían conseguir.
Cálida fue la despedida de Darian y Mia, sin exceso de palabras, sólo un abrazo sincero y un “gracias por todo” pronunciado por la muchacha.

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lunes 16 de junio de 2008

Sueño desgarrado por los mares

… Sueño. Crueles tinieblas invaden el cielo. Miedo. Gélidos suspiros ahogados en el alma. La tierra se agita. Los gritos estallan. La muerte se acerca. El océano clama …



Las almas que abandonan sus cuerpos inertes suben al cielo. Allí, acompañaos por los ángeles cruzan los límites que definen al mundo para retornar a la energía que rodea a Gea. No todos siguen este camino, pues hay quienes se niegan a partir, aferrados aún a personas, lugares o recuerdos. Entonces se dirigen al corazón de la tierra, donde por mucho tiempo el fuego purificador les entregó abrigo, comprensión y consuelo.
Pero las cosas cambiaron cuando Ker se apoderó de los palacios subterráneos, porque muchas vidas arrebató y con ellas repletó las estancias. Y las almas fueron retenidas y torturadas, convertidas en miserables espectros que desde entonces fueron su ejército. Un ejército que nadie se atreve a desafiar, llenando de congoja los corazones a su paso. Esclavos condenados a la oscuridad y el sufrimiento, a quienes ni siquiera los dioses podrían lastimar. Culpándose por no protegerlos a tiempo, incapaces de calmar su tormento.


Rápidas e indomables eran las aguas descendientes de Evaniel. Las que repentinamente crecieron y arrastraron a los seres de fuego, alejándolos del altar. En menos de una hora los obligó a retroceder todo lo que habían recorrido en los últimos días e incluso más. Una inquietante prisa las impulsaba. Inútil resultó cualquier esfuerzo por liberarse, sin detenerse a dar explicaciones el río simplemente los llevó a cuestas, para arrojarlos luego en algún sitio distante.
Cuando por fin tocaron tierra firme sus mentes confundidas sólo lograron comprender que el paisaje había cambiado. Ante sus ojos encontraron un espeso bosque que no recordaban conocer.

- Nostariel – exclamo amilith con solemnidad, ella sí conocía el lugar y disfrutaba lo que sus ojos veían – Los bosques de Ilusión. Estamos en Lirien, el más grande y cercano a Drysis, dividido en dos por el Ciriel.

La noche caía rápidamente y empapados como estaban difícilmente soportaban el frío. Decidieron encender una pequeña fogata para secar sus ropas, sin adentrarse demasiado en la espesura de los árboles. Faltaban las palabras, cada uno absorto en sus propios pensamientos buscaba respuestas que no podía alcanzar. ¿Qué estaba sucediendo en el altar? ¿Por qué los habían sacado de esa manera? Mientras más se cuestionaban más difícil era mantener la calma, sus manos estaban atadas contra su voluntad. Entonces repararon en aquella vocecita que a su lado intentaba reconfortarlos.

- Al menos estamos a salvo – fueron las palabras que rompieron el incómodo silencio- No sé qué cosas sucedieron para que el río decidiera sacarnos. Lo que haya sido, no lo podíamos evitar. De intervenir sólo habríamos conseguido caer prisioneros.

Tenía razón, y tanto Alaniel como Darian lo sabían, después de todo ese era el motivo por el que no querían alejarse de las aguas. Obviamente a la manipuladora de fuego le irritaba haber sido alejada estando tan cerca de Isylia, dejando sus cumbres a merced de las tinieblas. Peor aún, arrastrada por un río. Pero en el fondo se sentía aliviada, pues amilith acababa de agregarse a la hipotética situación como si ella misma fuera capaz de enfrentarse a la oscuridad. Alaniel no habría soportado ver a la indefensa niña lastimada o cautiva.
Deseaban que alguien les diera una explicación, pero estaban totalmente solos. Tantas criaturas y espíritus en cada rincón del mundo y sin embargo no había rastro de ellos. Seguramente estaban asustados y por eso se ocultaban. Darian decidió buscar más allá de la orilla en que acampaban, esperando que Drysis hubiera enviado algún emisario para ayudarlos, al recibir noticias del Ciriel.
Durante la noche Alaniel intentó convencer a Amilith para que volviera, pero ella obstinadamente se negó, desconcertándola. –no podía dejar de preocuparse pero la niña sentía exactamente lo mismo hacia ella y su compañero. Ya se había rehusado a dejarlos antes y ahora, a pesar de la cercanía de su hogar, se negaba nuevamente y sólo una orden de la diosa la haría cambiar de parecer.

Para el amanecer el muchacho de ojos grises estaba de vuelta, y consigo venía un hada. De tamaño diminuto y ropas del color del bosque, el batir de sus alas era casi imperceptible. Un aura de plata envolvía su silueta y sus ojos reflejaban la luz del Árbol. Darian la había encontrado no muy lejos, sin embargo era incapaz de entender sus palabras. Los melódicos sonidos eran vacíos para él, sin sentido, casi absurdos, por más que lo intentaba no lograba comprenderlos y en ello había perdido horas.
Para Alaniel, en cambio, aquellas notas creaban una historia clara y profunda en su interior. Los pensamientos eran transmitidos tal como la pequeña hada los concebía, envueltos incluso en sus emociones. Supieron entonces que Ker invocó almas prisioneras para atacar el altar, aunque nadie sabía si su intención era evitar el encuentro con la dama de Aire o desafiarla, tal vez ambas. De cualquier modo sus guardianes defendieron las puertas del cielo y los espectros huyeron al descender los ángeles.
Ya pasado el peligro podían regresar a Evaniel, pero esta vez el camino sería otro. Las aguas del Celil estaban contaminadas por lo tanto ingresarían por el sur, atravesando Nostariel.

Lirien parecía dormir. Ningún sonido provenía de su interior, ningún movimiento, como si su tiempo se hubiera detenido muchas décadas atrás. Incluso el viento se desvanecía al intentar acceder. Creyeron los viajeros que aquel silencio expectante daría origen a una nueva amenaza, mas no fue así. Hacia el frente, un mundo sin movimiento los esperaba, tras de sí dejaban un despertar maravilloso. Animales saliendo de sus madrigueras, ramas estirándose hacia la luz del sol, una suave brisa a pesar de la espesura de los árboles, cantos de aves e insectos y flores emergiendo de las sombras para dejar ver sus atuendos.
Volvieron la vista varias veces y el espectáculo se repetía cada ocasión, hasta que alcanzaron finalmente un claro. En el centro descansaba una laguna de aguas cristalinas, en cuyo interior titilaban las estrellas, aunque el cielo nocturno aún no se hacía presente. Descanaron un rato y luego rodearon la fuente, su extensión no era muy grande pero sí suficiente para distinguir un bosque de otro. No preguntaron el bosque del siguiente lugar, seguía siendo parte de Nostariel.
Ingresaron sin inconvenientes, deteniéndose esta vez, por recomendación de Amilith, a contemplar en detalle la flora existente. Tomaron su tiempo. De pronto Alaniel y Darian voltearon con sobresalto.
Rápidas flechas volaban en dirección a ellos, incendiándose justo antes de alcanzarlos. A pesar de la advertencia continuó la incansable lluvia que rápidamente era convertida en cenizas. Una segunda oleada se sumó al ataque, cambiando de dirección.

- ¡Amilith! – los ojos de Alaniel brillaron como el fuego y una enorme barrera protegió a la pequeña.
- Alto – ordenó una voz desde los árboles.

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sábado 17 de mayo de 2008

Sueño de un ansiado amanecer

... Sueño. Rayos de sol sobre arena rojiza. Flores doradas transportadas por el viento. Conciencia latente. Espejismo cálido. Cobra fuerzas el inevitable llanto. La voz interior se ha revelado ...



Antes que el cielo nocturno fuera reemplazado por el alba y soplaran los primeros vientos del día, Alaniel y Darian ya cruzaban las fronteras abandonando Helith. Un estrecho paso les evitaba el ascenso por aquellas laderas. No tenían prisa en abandonar el lugar, dueño de una armonía con la que desearían vivir largos años si acaso su destino fuera diferente. Pero debían irse y preferían hacerlo a esas horas pues otro amanecer en Helith los habría retenido casi como un hechizo, despreciando su voluntad.
En esta ocasión no viajaban solos, Amilith los acompañaría una parte del trayecto ya que regresaba a su hogar, en los bosques de Drysis. Darian, por su parte, aún no sabía si sus pasos terminarían llevándolo nuevamente ante la diosa de ojos esmeralda. Por el momento él y Alaniel sólo tenían claro su encuentro con Isylia, por lo tanto su camino y el de la niña se separarían una vez alcanzado el Ciriel.
Creyó Alaniel que resultaría difícil abandonar aquellas montañas, asaltada por sus inquietudes allí calmadas, pero el cambio resultó casi imperceptible Probablemente se debía a la presencia de Amilith, pensó, verdaderamente un aura sanadora envolvía a la pequeña. No parecía tener más de diez años, sin embargo comprendía los hechos que amenazaban con lastimar a Gea. A su corta edad ella sabía de dolor, confusión, miedo y desesperación, sus ojos expresaban esos sentimientos y en lugar de destrozar su inocente alma era capaz de aliviar a quienes también los padecían.
Nada conseguía preguntando a su compañero sobre la misteriosa niña, él sólo repetía las mismas frases inconclusas negándose a dar una real respuesta, aunque parecía saberla muy bien. Tampoco podía preguntar directamente a Amilith, no se atrevía, pues sentía que de alguna manera estaba ligada al pasado y resultante presente de la niña. Algo en su interior le decía que era responsable de aquello que le ocultaban. Pero aún dejando de lado sus propios temores no podía insistir, había prometido a Darian que no lo haría, evitando cualquier comentario sobre el tema en presencia de ella.

- No remuevas hechos guardados en la memoria de Amilith – le advirtió antes de dejar Helith – Están sellados y así han de permanecer por el bien de ella. No necesitas saber más al respecto y en cambio podrías causarle un daño irreparable si tu curiosidad despierta esos recuerdos.

Bastaron esas palabras para que Alaniel se resignara y naciera en ella el deseo de proteger a Amilith, al menos durante el poco tiempo que estaría a su lado. Entonces dedicó sus energías a invocar el poder de Fuego. Fácilmente podía controlarlo e incluso desafiaba a Darian en la misma tarea. Mientras tanto, su acompañante los observaba, maravillada con el aspecto purificador del elemento.


En horas de sueño, envueltos por el calor del fuego, Alaniel solía rememorar pequeños trozos del distante pasado, recuerdos del esplendor de Gea, y a veces venían a su mente hechos más recientes, aunque no del todo partes del presente.

- Sueñas despierta – escuchó a Amilith una mañana, aún aferrada a las ilusiones - ¿De qué tratan tus sueños?
- De mi pasado – respondió.
- ¿Cuándo eras pequeña?
- No… cuando aún era el Fuego.


Sin dificultades cruzaron el valle entre el Isil y el Calá. A pesar de ser una tierra extraordinariamente fértil ningún pueblo se situaba cerca. Los humanos le guardaban un respeto semejante al miedo y en eso se había convertido con el tiempo. Incluso los viajeros evitaban acercarse y seres de otra estirpe como Darian no los culpaban. “Los ríos tienen vida” decían los ancianos “y pésimo humor” solía agregar él. Un malentendido muchos años atrás respaldaba sus quejas, aunque mayores eran los agradecimientos que justificaban su actual paso por el lugar.
Cuenta una leyenda, transmitida a lo largo de generaciones en el reino del Este, que Isil y Calá son en realidad dos espíritus que habitan aquellas aguas. Bajo la protección de Neryan, poseen la facultad de adoptar forma humana y en numerosas ocasiones se habrían mezclado con la gente que por allí transitara, haciéndolos testigos de sus disputas. El motivo, según cuentan, una doncella del séquito de Isylia que mucho tiempo atrás habitara en esos valles. Ambos habrían fijado su atención en ella pero ninguno fue correspondido, pues sus ojos miraban hacia el norte, a los dominios del Fuego, y a aquel cuyo corazón entregara cuando el mundo aún era joven.


En tres días alcanzaron el lugar exacto donde Isil y Calá convergen para dirigirse juntos al encuentro del Ciriel. La tranquilidad del primer tramo dio a Darian confianza suficiente para decidir abandonar la protección de las cristalinas aguas. Desde el punto donde se encontraban, según sus cálculos, sólo les tomaría un par de días encontrar el Celil si cruzaban los prados en dirección sureste. Nada podía indicarles en ese momento que marchaban directo a una emboscada.
Sólo a mitad del viaje, durante el descanso de la primera noche entre esos parajes Alaniel sospechó que algo andaba mal.

- No he visto criaturas salvajes durante todo el día – mencionó.
- ¿Quieres que nos ataque una manada de bestias?
- No es normal. No sé cuánto pudo haber cambiado esta parte del mundo en todos estos años, pero los prados de Isylia siempre albergaron familias enteras de diversas especies. Incluso de noche se oían las aves.

Ambos permanecieron despiertos mientras Amilith descansaba. Apenas despuntó el alba se prepararon para partir. Alaniel tenía razón, las aves no anunciaron el amanecer y ningún otro animal dio la bienvenida al nuevo día. Debían partir, nada sacaban con regresar sobre sus propios pasos estando a sólo una jornada del Ciriel, con mayor razón apremiaba alcanzarlo.
Quizá porque estaban concientes de que algo extraño sucedía y la cautela se tornó sugestión, ya no podían clasificar la jornada como tranquila. Una atmósfera perturbadora envolvía sus pasos y sus mentes.
Fue a mediodía, cuando el sol brillaba en plenitud que una gran sombra se alzó por los aires, desafiándolos. De dónde provino, no lograron percatarse, sólo repararon en ella cuando les arrebató la luz. Pero su rumbo estaba claro, la sombra se dirigía a Evaniel.
El temor abrumó los corazones de alaniel y Darian, arrepentidos estaban de tener a Amilith consigo, llevándola a un camino de incertidumbres en lugar de enviarla junto a Drysis. Como la idea original era separarse en el corazón del Ciriel, ella se había empeñado en acompañarlos hasta ese punto, aunque significara alejarse de su propio camino. Se apresuraron. Ignorantes de la situación a medida que transcurría el tiempo sólo podían continuar, esperando que algún espíritu de esas tierras les dijera qué debían enfrentar.
Poco antes del atardecer alcanzaron por fin la ribera del río y lo que allí vieron les heló el corazón. Un ejército envuelto en tinieblas marchaba hacia el altar, contaminando a su paso las delicadas aguas del Celil. Habría hecho falta que todo el poder de Alaniel se revelara en aquel instante para detener la avanzada de los espectros, posible o no, cualquier intento fue reprimido. Repentinamente el Ciriel aumentó sus aguas, arrastrando a los viajeros río abajo.

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Gea fue creada a partir de energía. Todo cuanto existe en el mundo está constituido de ella. La fuente es inagotable pues forma parte de un ciclo. En el principio no tenía forma, los dioses la ordenaron y se manifestó en cuatro aspectos diferentes: Tierra, Fuego, Agua y Aire, los primeros elementos de la creación. Alrededor de Gea la energía fluye libre y pasiva, no puede ser utilizada pues sólo en Gea cobra sentido. El flujo continúa hasta que logra penetrar en las entrañas de la tierra, se transforma en energía latente que nutre todas las cosas y es capaz de crear otras nuevas.

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