Relato de un hada 1
¿Aún esperas ese día pequeña amiga? ¿Todavía crees en los milagros? ¿Tanto ansías cruzar ese lago donde el tiempo está detenido, o es que esperas que avance? - Suspiro - ¿Ella aún está soñando.., verdad?
Valyanné anhelaba un mundo hermoso. Para hacerlo posible dividió sus pensamientos en elementos primordiales. Cuatro poderes con aspectos y facultades diferentes... mas eran parte de ella. Los pensamientos se separaron y Valyanné los envió a formar parte de la energía. Entonces surgieron los primeros entes, nacidos cuando Gea aún no tenía forma, pues ellos se encargarían de modelarla.
Por ser el elemento más estable, la energía de Tierra fue dispuesta como superficie del mundo. El vigor de Fuego sería su corazón. Para atenuar los efectos de Fuego y brindar aliento, sus venas tendrían la energía de Agua. Pero sobre Tierra y Agua, como una bóveda estaría Aire, protegiendo a Gea del abismo.
Listas estaban las materias de la construcción del mundo, sin embargo poco durarían si no se conectaban a la demás energía. Aquello que no tenía forma pero era fundamental para nutrir a Gea. Por lo tanto, Valyanné le ordenó a la energía que siguiera un ciclo, para renovarse constantemente y así evitar el agotamiento. Y en medio de Gea puso un árbol.
Profundas eran las raíces del árbol pues distantes estaban los cimientos del mundo. Como una gran red abrazó a Gea desde las profundidades, hasta alcanzar el abismo. Allí afuera estaba la fuente y el árbol se regocijó. Cual savia la energía ascendió por los múltiples caminos hasta llegar al gran tronco plateado. Subió y subió y se separó de nuevo, alcanzando cada rincón del frondoso cuerpo, hasta colmarlo. Un nuevo aspecto adoptó entonces y Gea conoció la Luz.
Perfectamente marchaban las obras de Valyanné. Cinco grandes poderes la ayudarían a hacer realidad el sueño transmitido por la Eternidad. Así que reunió a las deidades en torno al Árbol y les habló.
- Un sueño me fue entregado. Una visión de lo que Gea es y será. Y ustedes son parte de ese sueño, porque nacieron de la energía que rodea al mundo y la energía tiene el poder de crear. Son fragmentos… hechos realidad. Provienen de mis pensamientos, aunque yo misma fui creada por deseo de alguien más. Aquella que tuvo el sueño, la Eternidad.
Difícil fue para los dioses imaginar la grandeza existente en las palabras de Valyanné. Aunque bastaron para comprender cuán diminutos eran comparados con la Eternidad. Sin embargo, se maravillaron al descubrir que la visión también estaba en su interior. Cada uno, según el papel que le tocaba cumplir veía las obras que debía llevar a cabo. Supieron que Gea sería hermosa.
Pero más allá de sus dominios y la forma del mundo, los dioses no supieron. Pues la Eternidad continuaba soñando y la visión aún no era revelada.
Valyanné creyó entonces necesario dar nombres a los dioses. Tal como Gea es el mundo, una palabra capaz de expresar lo que cada uno es con sólo pronunciarla. Intentando capturar su esencia en palabras, Valyanné bautizó a los dioses.
Ea fue el nombre dado a la diosa Tierra, Faieth a la encarnación del Fuego. La diosa Agua sería Neryan y el poder de Aire, Isylia. Finalmente, aunque no por ello menos importante, fue nombrada Drysis, diosa y guardiana del Árbol.
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