domingo 29 de junio de 2008

Sueño de agonía y esperanzas




Nostariel ¿Qué extraños designios los había llevado a aquellos bosques encantados? ¿Qué importancia tenía aquel sitio en su viaje?. Probablemente ninguna, pero allí estaban. Accidente, casualidad, atrapados en un lugar al cual no tenían intenciones de llegar, prisioneros de humanos aparecidos de la nada. Desvío innecesario, encuentro inesperado. ¿Era acaso una jugarreta de los dioses? o tal vez obra de una voluntad aún superior.

De no ser humanos habrían buscado un modo de escapar, escabulléndose en los interminables senderos ofrecidos por los árboles o intimidándolos con el calor de las llamas. Pero se trataba de humanos, hombres ágiles, que les habrían cortado el paso ante cualquier intento. No tenían otra opción más que bajar los brazos y guardar silencio. Sus edades eran variadas, desde adolescentes hasta ancianos conformaban la compañía, que ante el llamado de una voz al mando salieron de sus escondites. Perfectamente camuflados, eran al menos una veintena.
La voz pertenecía a una joven muchacha de cabellos oscuros, quien personalmente ató y amordazó a los viajeros. Fueron conducidos a través del bosque en una incansable caravana que parecía ignorarlos, acostumbrados quizás a esta labor. Sólo al final del día se detuvieron a descansar, dejando a los prisioneros olvidados junto a una hoguera. De mala gana esperaron allí a que los desataran y, obviamente, los interrogaran.
Cuando todo el campamento estuvo organizado se acercó finalmente la misma mujer de antes. Vieron cómo dos hombres quisieron acompañarla pero ella no lo permitió y les pidió que se alejaran. Extraña conducta, pensaron. Luego de desatarlos se sentó junto a ellos sonriendo falsamente.

- Y bien, ¿me dirán qué hacen en estos bosques?
- ¿Tú nos dirás quién eres? – contestó Darian en el mismo tono de aparente amabilidad.
- No están en condiciones de hacer preguntas.
- Y tú tenías derecho a apresarnos.

La conducta autoritaria de la joven molestaba aún más a Alaniel, aires de importancia en los que no creería si no le daban una razón para hacerlo. La tensión fue clara entre ambos rostros inalterables. Agachando su mirada y sonriendo nuevamente la muchacha cambió su actitud.

- Está bien, está bien, seré amable con ustedes. Mi nombre es Mia y estoy a cargo de estos hombres. Los vimos salir de Lirien esta mañana – explicó – fue por eso que los capturamos. Estos bosques son nuestro hogar pero nadie, absolutamente nadie entra en ése, está prohibido.
- ¿Prohibido por quién?
- Es una ley que se conserva hace tiempo. Todo Nostariel es peligroso, y Lirien aún más, nadie vuelve con vida de aquel lugar. Pero ustedes parecen estar perfectamente bien.
- Ningún bosque es peligroso – intervino Amilith, distrayendo la atención de Mia – El peligro lo llevan quienes entran en ellos.
- Entonces asumiré que ustedes son inofensivos. Es tarde, deberías descansar.

Ordenó comida caliente y bebidas ara todos y preparó un lecho para amilith. No continuaría la conversación con ella presente así que esperaron que se durmiera, al igual que los demás miembros del grupo, salvo dos o tres vigías.

- ¿Son cazadores? – preguntó el de ojos grises cuando todo estuvo en silencio.
- No, no matamos por placer. Llámanos pueblo de los bosques – corrigió.
- ¿Pueblo de los bosques? – cuestionó Alaniel – Demasiado honor para simples humanos.
- ¿Eso significa que tú no eres humana? – Mia sabía lo que buscaba – Vi cómo incendiaste nuestras flechas, ¿qué eres? ¿una guardiana?

Se miraron sorprendidos, sin saber qué decir. ¿Cómo era posible que ella supiera tal cosa? Debía tratarse de suposiciones, nada más.

- Sí, sé sobre ustedes. Esa cadena que llevas al cuello lo dice todo – dirigiéndose a Darian- ¿Qué otra criatura tendría una piedra de fuego si no es él mismo un servidor del fuego?

De entre sus ropas sacó entonces una cadena de plata con una joya semejante y la alzó ante las miradas interrogantes, como si de un símbolo secreto se tratara.

- ¿Dónde conseguiste algo así? – alaniel exigía una respuesta.
- Ha estado en mi familia durante años. Perteneció a mi bisabuelo, un guardián del Norte.
- ¿Tu bisabuelo?
- Así es. Él nunca estuvo aquí ni conoció a su hijo, pero en su lugar conservamos esto.

La luz en el corazón de la piedra estaba extinta, seguramente el no ser utilizada durante tantos años era la causa, pero eso no quitaba su legitimidad. Una mirada comprensiva marcaba el rostro de Darian, se había quedado sin palabras y todas sus interrogantes quedaron resueltas al instante. La incomodidad de Alaniel no pudo más y se levantó, furiosa. Sólo con eso él reaccionó y fue tras ella.

- ¡Te juro que no tengo nada que ver con Mia ni su familia! – se apresuró en decir.
- ¿No? ¡¿Por qué tiene un talismán entonces?!
- ¡Hey! El mío está aquí, no me involucres en esto.
- Pudiste cambiarlo, tenías dos piedras – aseguró ella.
- ¿Qué tontería estás diciendo?
- Estabas en mi sueño. Vi cuando Ethiel fue invadido y tú tenías dos piedras.

Silencio. Los ojos color ámbar no podían disimular su descontento y las palabras acusadoras lo recalcaban. Pero su compañero no respondió y aún así seguía mirándola a la cara. Cerró los ojos para despejar su mente y marchó en dirección contraria.

- ¡Alaniel! – llamó él al verla alejarse.
- ¿Qué?
- Estás celosa.


Muchas cosas sucederían antes que la doncella de fuego comprendiera la importancia de aquel encuentro. Un lazo de largos años era el responsable de su presencia en ese lugar, vínculo proveniente de una época de la cual ella no guardaba recuerdos. Orgullosa, decidió ignorar el asunto, negándose a participar en posteriores diálogos, limitándose a seguir el rumbo que los demás trazaban.
La jornada siguiente fue idéntica a la anterior. Marcharon todo el día rodeados por la compañía de arqueros, sin detenciones, sin palabras. Nueva noche y la conversación sin testigos se repitió, esta vez sólo Darian y Mia.

- ¿Qué sabes sobre los guardianes?
- Lo necesario. Segundos o terceros en linaje, su función es acompañar y proteger a los dioses. Además pueden invocar los elementos, distinguiéndose de espíritus o hechiceros por esas gemas que siempre portan.
- Pareces instruida. ¿Es todo lo que sabes sobre ellos?
- Sí, es todo lo que sé sobre ustedes.

Tercera noche y las cumbres nevadas cada vez estaban más cerca. Mia decidió escoltarlos hasta los pies de Evaniel, pues ya no llevaba consigo a intrusos o prisioneros, sino seres nobles a quienes debía respeto.

- Realmente son extraños – mencionó la de cabellos oscuros
- ¿Por qué lo dices?
- Este nunca ha sido un lugar seguro. Vivimos aquí pero procuramos nunca estar solos, por eso viajamos en grupos numerosos. Sin embargo con ustedes ni siquiera la caída sorpresiva de una rama rota sin motivo o una raíz levantada ha interrumpido nuestros pasos. Parece que el hechizo que envuelve a Nostariel es incapaz de alcanzarlos.


Cuarto día y finalmente habían llegado. Ante ellos se alzaban imponentes las altas montañas de Evaniel, formando un extenso muro con un único acceso desde el sur. Era el fin de largas jornadas, deseos y demoras, pero sólo el principio de todo lo que aún debían conseguir.
Cálida fue la despedida de Darian y Mia, sin exceso de palabras, sólo un abrazo sincero y un “gracias por todo” pronunciado por la muchacha.

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lunes 16 de junio de 2008

Sueño desgarrado por los mares

… Sueño. Crueles tinieblas invaden el cielo. Miedo. Gélidos suspiros ahogados en el alma. La tierra se agita. Los gritos estallan. La muerte se acerca. El océano clama …



Las almas que abandonan sus cuerpos inertes suben al cielo. Allí, acompañaos por los ángeles cruzan los límites que definen al mundo para retornar a la energía que rodea a Gea. No todos siguen este camino, pues hay quienes se niegan a partir, aferrados aún a personas, lugares o recuerdos. Entonces se dirigen al corazón de la tierra, donde por mucho tiempo el fuego purificador les entregó abrigo, comprensión y consuelo.
Pero las cosas cambiaron cuando Ker se apoderó de los palacios subterráneos, porque muchas vidas arrebató y con ellas repletó las estancias. Y las almas fueron retenidas y torturadas, convertidas en miserables espectros que desde entonces fueron su ejército. Un ejército que nadie se atreve a desafiar, llenando de congoja los corazones a su paso. Esclavos condenados a la oscuridad y el sufrimiento, a quienes ni siquiera los dioses podrían lastimar. Culpándose por no protegerlos a tiempo, incapaces de calmar su tormento.


Rápidas e indomables eran las aguas descendientes de Evaniel. Las que repentinamente crecieron y arrastraron a los seres de fuego, alejándolos del altar. En menos de una hora los obligó a retroceder todo lo que habían recorrido en los últimos días e incluso más. Una inquietante prisa las impulsaba. Inútil resultó cualquier esfuerzo por liberarse, sin detenerse a dar explicaciones el río simplemente los llevó a cuestas, para arrojarlos luego en algún sitio distante.
Cuando por fin tocaron tierra firme sus mentes confundidas sólo lograron comprender que el paisaje había cambiado. Ante sus ojos encontraron un espeso bosque que no recordaban conocer.

- Nostariel – exclamo amilith con solemnidad, ella sí conocía el lugar y disfrutaba lo que sus ojos veían – Los bosques de Ilusión. Estamos en Lirien, el más grande y cercano a Drysis, dividido en dos por el Ciriel.

La noche caía rápidamente y empapados como estaban difícilmente soportaban el frío. Decidieron encender una pequeña fogata para secar sus ropas, sin adentrarse demasiado en la espesura de los árboles. Faltaban las palabras, cada uno absorto en sus propios pensamientos buscaba respuestas que no podía alcanzar. ¿Qué estaba sucediendo en el altar? ¿Por qué los habían sacado de esa manera? Mientras más se cuestionaban más difícil era mantener la calma, sus manos estaban atadas contra su voluntad. Entonces repararon en aquella vocecita que a su lado intentaba reconfortarlos.

- Al menos estamos a salvo – fueron las palabras que rompieron el incómodo silencio- No sé qué cosas sucedieron para que el río decidiera sacarnos. Lo que haya sido, no lo podíamos evitar. De intervenir sólo habríamos conseguido caer prisioneros.

Tenía razón, y tanto Alaniel como Darian lo sabían, después de todo ese era el motivo por el que no querían alejarse de las aguas. Obviamente a la manipuladora de fuego le irritaba haber sido alejada estando tan cerca de Isylia, dejando sus cumbres a merced de las tinieblas. Peor aún, arrastrada por un río. Pero en el fondo se sentía aliviada, pues amilith acababa de agregarse a la hipotética situación como si ella misma fuera capaz de enfrentarse a la oscuridad. Alaniel no habría soportado ver a la indefensa niña lastimada o cautiva.
Deseaban que alguien les diera una explicación, pero estaban totalmente solos. Tantas criaturas y espíritus en cada rincón del mundo y sin embargo no había rastro de ellos. Seguramente estaban asustados y por eso se ocultaban. Darian decidió buscar más allá de la orilla en que acampaban, esperando que Drysis hubiera enviado algún emisario para ayudarlos, al recibir noticias del Ciriel.
Durante la noche Alaniel intentó convencer a Amilith para que volviera, pero ella obstinadamente se negó, desconcertándola. –no podía dejar de preocuparse pero la niña sentía exactamente lo mismo hacia ella y su compañero. Ya se había rehusado a dejarlos antes y ahora, a pesar de la cercanía de su hogar, se negaba nuevamente y sólo una orden de la diosa la haría cambiar de parecer.

Para el amanecer el muchacho de ojos grises estaba de vuelta, y consigo venía un hada. De tamaño diminuto y ropas del color del bosque, el batir de sus alas era casi imperceptible. Un aura de plata envolvía su silueta y sus ojos reflejaban la luz del Árbol. Darian la había encontrado no muy lejos, sin embargo era incapaz de entender sus palabras. Los melódicos sonidos eran vacíos para él, sin sentido, casi absurdos, por más que lo intentaba no lograba comprenderlos y en ello había perdido horas.
Para Alaniel, en cambio, aquellas notas creaban una historia clara y profunda en su interior. Los pensamientos eran transmitidos tal como la pequeña hada los concebía, envueltos incluso en sus emociones. Supieron entonces que Ker invocó almas prisioneras para atacar el altar, aunque nadie sabía si su intención era evitar el encuentro con la dama de Aire o desafiarla, tal vez ambas. De cualquier modo sus guardianes defendieron las puertas del cielo y los espectros huyeron al descender los ángeles.
Ya pasado el peligro podían regresar a Evaniel, pero esta vez el camino sería otro. Las aguas del Celil estaban contaminadas por lo tanto ingresarían por el sur, atravesando Nostariel.

Lirien parecía dormir. Ningún sonido provenía de su interior, ningún movimiento, como si su tiempo se hubiera detenido muchas décadas atrás. Incluso el viento se desvanecía al intentar acceder. Creyeron los viajeros que aquel silencio expectante daría origen a una nueva amenaza, mas no fue así. Hacia el frente, un mundo sin movimiento los esperaba, tras de sí dejaban un despertar maravilloso. Animales saliendo de sus madrigueras, ramas estirándose hacia la luz del sol, una suave brisa a pesar de la espesura de los árboles, cantos de aves e insectos y flores emergiendo de las sombras para dejar ver sus atuendos.
Volvieron la vista varias veces y el espectáculo se repetía cada ocasión, hasta que alcanzaron finalmente un claro. En el centro descansaba una laguna de aguas cristalinas, en cuyo interior titilaban las estrellas, aunque el cielo nocturno aún no se hacía presente. Descanaron un rato y luego rodearon la fuente, su extensión no era muy grande pero sí suficiente para distinguir un bosque de otro. No preguntaron el bosque del siguiente lugar, seguía siendo parte de Nostariel.
Ingresaron sin inconvenientes, deteniéndose esta vez, por recomendación de Amilith, a contemplar en detalle la flora existente. Tomaron su tiempo. De pronto Alaniel y Darian voltearon con sobresalto.
Rápidas flechas volaban en dirección a ellos, incendiándose justo antes de alcanzarlos. A pesar de la advertencia continuó la incansable lluvia que rápidamente era convertida en cenizas. Una segunda oleada se sumó al ataque, cambiando de dirección.

- ¡Amilith! – los ojos de Alaniel brillaron como el fuego y una enorme barrera protegió a la pequeña.
- Alto – ordenó una voz desde los árboles.

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sábado 17 de mayo de 2008

Sueño de un ansiado amanecer

... Sueño. Rayos de sol sobre arena rojiza. Flores doradas transportadas por el viento. Conciencia latente. Espejismo cálido. Cobra fuerzas el inevitable llanto. La voz interior se ha revelado ...



Antes que el cielo nocturno fuera reemplazado por el alba y soplaran los primeros vientos del día, Alaniel y Darian ya cruzaban las fronteras abandonando Helith. Un estrecho paso les evitaba el ascenso por aquellas laderas. No tenían prisa en abandonar el lugar, dueño de una armonía con la que desearían vivir largos años si acaso su destino fuera diferente. Pero debían irse y preferían hacerlo a esas horas pues otro amanecer en Helith los habría retenido casi como un hechizo, despreciando su voluntad.
En esta ocasión no viajaban solos, Amilith los acompañaría una parte del trayecto ya que regresaba a su hogar, en los bosques de Drysis. Darian, por su parte, aún no sabía si sus pasos terminarían llevándolo nuevamente ante la diosa de ojos esmeralda. Por el momento él y Alaniel sólo tenían claro su encuentro con Isylia, por lo tanto su camino y el de la niña se separarían una vez alcanzado el Ciriel.
Creyó Alaniel que resultaría difícil abandonar aquellas montañas, asaltada por sus inquietudes allí calmadas, pero el cambio resultó casi imperceptible Probablemente se debía a la presencia de Amilith, pensó, verdaderamente un aura sanadora envolvía a la pequeña. No parecía tener más de diez años, sin embargo comprendía los hechos que amenazaban con lastimar a Gea. A su corta edad ella sabía de dolor, confusión, miedo y desesperación, sus ojos expresaban esos sentimientos y en lugar de destrozar su inocente alma era capaz de aliviar a quienes también los padecían.
Nada conseguía preguntando a su compañero sobre la misteriosa niña, él sólo repetía las mismas frases inconclusas negándose a dar una real respuesta, aunque parecía saberla muy bien. Tampoco podía preguntar directamente a Amilith, no se atrevía, pues sentía que de alguna manera estaba ligada al pasado y resultante presente de la niña. Algo en su interior le decía que era responsable de aquello que le ocultaban. Pero aún dejando de lado sus propios temores no podía insistir, había prometido a Darian que no lo haría, evitando cualquier comentario sobre el tema en presencia de ella.

- No remuevas hechos guardados en la memoria de Amilith – le advirtió antes de dejar Helith – Están sellados y así han de permanecer por el bien de ella. No necesitas saber más al respecto y en cambio podrías causarle un daño irreparable si tu curiosidad despierta esos recuerdos.

Bastaron esas palabras para que Alaniel se resignara y naciera en ella el deseo de proteger a Amilith, al menos durante el poco tiempo que estaría a su lado. Entonces dedicó sus energías a invocar el poder de Fuego. Fácilmente podía controlarlo e incluso desafiaba a Darian en la misma tarea. Mientras tanto, su acompañante los observaba, maravillada con el aspecto purificador del elemento.


En horas de sueño, envueltos por el calor del fuego, Alaniel solía rememorar pequeños trozos del distante pasado, recuerdos del esplendor de Gea, y a veces venían a su mente hechos más recientes, aunque no del todo partes del presente.

- Sueñas despierta – escuchó a Amilith una mañana, aún aferrada a las ilusiones - ¿De qué tratan tus sueños?
- De mi pasado – respondió.
- ¿Cuándo eras pequeña?
- No… cuando aún era el Fuego.


Sin dificultades cruzaron el valle entre el Isil y el Calá. A pesar de ser una tierra extraordinariamente fértil ningún pueblo se situaba cerca. Los humanos le guardaban un respeto semejante al miedo y en eso se había convertido con el tiempo. Incluso los viajeros evitaban acercarse y seres de otra estirpe como Darian no los culpaban. “Los ríos tienen vida” decían los ancianos “y pésimo humor” solía agregar él. Un malentendido muchos años atrás respaldaba sus quejas, aunque mayores eran los agradecimientos que justificaban su actual paso por el lugar.
Cuenta una leyenda, transmitida a lo largo de generaciones en el reino del Este, que Isil y Calá son en realidad dos espíritus que habitan aquellas aguas. Bajo la protección de Neryan, poseen la facultad de adoptar forma humana y en numerosas ocasiones se habrían mezclado con la gente que por allí transitara, haciéndolos testigos de sus disputas. El motivo, según cuentan, una doncella del séquito de Isylia que mucho tiempo atrás habitara en esos valles. Ambos habrían fijado su atención en ella pero ninguno fue correspondido, pues sus ojos miraban hacia el norte, a los dominios del Fuego, y a aquel cuyo corazón entregara cuando el mundo aún era joven.


En tres días alcanzaron el lugar exacto donde Isil y Calá convergen para dirigirse juntos al encuentro del Ciriel. La tranquilidad del primer tramo dio a Darian confianza suficiente para decidir abandonar la protección de las cristalinas aguas. Desde el punto donde se encontraban, según sus cálculos, sólo les tomaría un par de días encontrar el Celil si cruzaban los prados en dirección sureste. Nada podía indicarles en ese momento que marchaban directo a una emboscada.
Sólo a mitad del viaje, durante el descanso de la primera noche entre esos parajes Alaniel sospechó que algo andaba mal.

- No he visto criaturas salvajes durante todo el día – mencionó.
- ¿Quieres que nos ataque una manada de bestias?
- No es normal. No sé cuánto pudo haber cambiado esta parte del mundo en todos estos años, pero los prados de Isylia siempre albergaron familias enteras de diversas especies. Incluso de noche se oían las aves.

Ambos permanecieron despiertos mientras Amilith descansaba. Apenas despuntó el alba se prepararon para partir. Alaniel tenía razón, las aves no anunciaron el amanecer y ningún otro animal dio la bienvenida al nuevo día. Debían partir, nada sacaban con regresar sobre sus propios pasos estando a sólo una jornada del Ciriel, con mayor razón apremiaba alcanzarlo.
Quizá porque estaban concientes de que algo extraño sucedía y la cautela se tornó sugestión, ya no podían clasificar la jornada como tranquila. Una atmósfera perturbadora envolvía sus pasos y sus mentes.
Fue a mediodía, cuando el sol brillaba en plenitud que una gran sombra se alzó por los aires, desafiándolos. De dónde provino, no lograron percatarse, sólo repararon en ella cuando les arrebató la luz. Pero su rumbo estaba claro, la sombra se dirigía a Evaniel.
El temor abrumó los corazones de alaniel y Darian, arrepentidos estaban de tener a Amilith consigo, llevándola a un camino de incertidumbres en lugar de enviarla junto a Drysis. Como la idea original era separarse en el corazón del Ciriel, ella se había empeñado en acompañarlos hasta ese punto, aunque significara alejarse de su propio camino. Se apresuraron. Ignorantes de la situación a medida que transcurría el tiempo sólo podían continuar, esperando que algún espíritu de esas tierras les dijera qué debían enfrentar.
Poco antes del atardecer alcanzaron por fin la ribera del río y lo que allí vieron les heló el corazón. Un ejército envuelto en tinieblas marchaba hacia el altar, contaminando a su paso las delicadas aguas del Celil. Habría hecho falta que todo el poder de Alaniel se revelara en aquel instante para detener la avanzada de los espectros, posible o no, cualquier intento fue reprimido. Repentinamente el Ciriel aumentó sus aguas, arrastrando a los viajeros río abajo.

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miércoles 14 de mayo de 2008

Antes del Cosmos

...

Antes de la ordenación del universo, en una era silenciosa sin testigos ni recuerdos, existía el Caos. Dominio de confusión, fuente de materia indefinida y colisiones espontáneas, energía liberada condenada a destruir. Fuera del Caos estaba el Vacío, limitando lo existente, oponiéndose al desorden. Y junto a ellos la Eternidad.
Infinita red de confusión y nada tejió la Eternidad con desencanto hasta que un sueño surgió en ella y deseó llevarlo a cabo. Con dedicación y cuidado tomó la energía emanada del Caos y poco a poco fue reuniéndola en el Vacío, allí suspendida la energía fue purificada y desde entonces y para siempre su virtud fue la creación.
Dio vida luego a Valyanné y a ella reveló sus ilusiones, un mundo perfecto de sonidos y colores para ser admirado, repleto de materias nuevas e historias inacabables. Un lugar en constante cambio donde la armonía no fuera privada por el desastre. Valyanné haría realidad el sueño y ese mundo sería Gea.

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viernes 9 de mayo de 2008

Sueño de lazos inmortales

... Sueño. Débiles voces desgarradas por el viento. Destellos de tristeza y soledad. Un distante eco sobrevive en el tiempo aferrado a un deseo. Vestigios del pasado. Ilusión hecha realidad ...



Pequeñas aves cantando dulcemente revoloteaban por los jardines de Helith, dando la bienvenida a la mañana. Una familia de audaces ardillas jugaba, corriendo de un lado a otro mientras las ninfas cepillaban sus cabellos junto a una fuente. La hierba estaba cubierta por la delgada capa de rocío y desde los árboles cada ciertos segundos una diminuta gota se dejaba caer al vacío, rompiendo la monotonía del silencio. Aquel suave golpeteo cobró vida en el sueño de Alaniel, recordándole que un nuevo día nacía y ella debía despertar.

- Alaniel, Alaniel – repetía una voz cercana - Ya estás despertando, ya has vuelto. Vamos, abre los ojos.

A su lado, una niña de blancos cabellos sonreía mientras le alcanzaba un vaso de líquido claro para refrescar sus labios.

- ¿Cuánto tiempo ha pasado? – preguntó algo confusa luego de beber – Creo que han transcurrido décadas desde la última vez que vi el sol.
- Sólo tres días – contestó la pequeña – Aunque debieron parecerte una eternidad.
- Tres días… - no recordaba mucho.
- Así es. Hace tres días Darian te trajo hasta aquí, estabas inconciente y él muy angustiado.
- Darian – ciertos detalles de la discusión venían a su mente – Debe estar molesto aún.
- No lo está, puedo asegurarlo. Si ahora no lo ves a tu lado es porque Lanae lo obligó a descansar, no quiso moverse de tu lado mientras soñabas. De verdad nos dio otro motivo de preocupación negándose a comer y a dormir.
- El orgulloso Darian preocupado por mí. Es bueno saberlo.

Los comentarios de la niña reconfortaron a Alaniel, le aliviaba saber que Darian no la detestaba a pesar de merecer todo su desprecio. Sin duda tenía disculpas que pedir a su compañero y no solo por su actitud, también por todas las cosas que él guardaba sobre ella y le hacían daño. Muchos años él debió enfrentar solo, años que para Alaniel no existieron y por los cuales nunca se dignó a preguntar, ignorando hasta ahora los tristes acontecimientos que en ellos ocurrieron.

- Aún no me has dicho tu nombre ¿de dónde eres? – reparó en que no conocía a la niña y no parecía ser una doncella de Isylia.
- Mi nombre es Amilith y ya has hablado suficiente.

Sintió entonces un cansancio repentino, como si en esos días no hubiera cerrado los ojos en ningún momento y recién se percatara de ello. Sus párpados cayeron lentamente mientras oía alejarse los ligeros pasos de Amilith. Esta vez su mente se sumergió en inofensivas imágenes de nubes y prados invitando al descanso.


La mañana parecía ajetreada, noticias y lamentos susurraba el viento a medida que transcurrían las horas. Amargos se volvieron los cantos y los juegos se detuvieron, incluso los infantiles rostros se llenaron de congoja, mas no conocían ellos la desesperanza.
La luz del sol inundaba el lecho de Alaniel cuando sus ojos encontraron el rostro de Darian.

- Cuánto tiempo sin verte – sonrió el muchacho
- Creí que te habías marchado, olvidándote de mí
- Lo habría hecho – respondió irónico – Pero me dijeron que despertarías pronto y me convenía esperar. Aunque tres días de sueño me parece algo excesivo.
- Lo siento, estaba cansada.

Conversación normal. Ante la mirada atenta de Lanae, Darian fingía que todo andaba bien. No existía recriminación alguna, le bastaba con ver a Alaniel recuperada de aquella fiebre que amenazara con arrebatarla de su lado nuevamente. Sin embargo su alegría no podía ser plena, asuntos importantes debían tratarse de inmediato.

- ¿Recuerdas qué sucedió antes de desmayarte? – intervino Lanae mientras el rostro de Darian volvía a la severidad del asunto.
- No mucho – contestó Alaniel – Solo una sensación semejante a la del día en que Hicem fue incendiado.

Realidad. No sabía con certeza qué cosas estaban sucediendo en Gea pero seguramente no eran buenas, los rostros de Lanae y Darian así lo indicaban. Nada conseguiría pretendiendo ignorarlas así que respiró profundo y esperó lo que tenía que escuchar.

- Mucho ha cambiado desde entonces – dijo con seriedad la doncella – Para bien y para mal.
- ¿Qué ha sucedido? - preguntó impaciente, no quería alargar el tema con silencios de tensión.
- El dominio de Ker se ha extendido – comenzó Darian – Ha despertado los volcanes de Ethiel devastando las tierras a sus pies. Actualmente es imposible acceder al Phidasuir y en su interior permanece oculto, conjurando nuevos artilugios de destrucción – su voz denotaba gran enojo e impotencia – Los ríos de lava ardiente han colapsado y amenazan con desaparecer ambas islas. Las pocas personas que sobrevivieron a la masacre de días atrás hoy están atrapadas en medio de los avances de Ker y la defensa de los ríos que descienden las montañas. Ambas murallas están cubiertas de cenizas, cualquier rastro de vida se extinguirá pronto y ni siquiera las lluvias de Neryan podrán evitarlo.

Cada palabra de Darian quedaba marcada en el alma de Alaniel como nuevos motivos de su odio hacia aquel sujeto. Dolorosas heridas que no sólo la lastimaban a ella, también a todo lo que amaba. Primero fue su familia y ahora sus añoradas tierras de arena roja.

- Dijiste que las cosas habían cambiado para bien y para mal – pronunció intentando contener rabia y llanto – Sinceramente sólo veo la última parte.
- Si bien Ker despertó los volcanes – explicó Lanae – Estos no le obedecen, como tampoco le obedecieran sus respectivos guardianes en el pasado. Causó un gran desastre, eso es cierto, pero no puede continuar puesto que tu energía también se ha incrementado. El poder oculto en las profundidades de Ethiel te ha reconocido y entiende que destruir aquellas tierras no es tu designio.
- Seguramente ahora se revuelca en su escondite, arrepentido de atentar contra Hicem – comentó Darian – Jamás lo habría hecho, estando tú ahí, de haber imaginado que esta oposición a sus planes resultaría como consecuencia.
- ¿Debería alegrarme entonces? – cuestionó Alaniel.
- Sólo digo que no sucedió en vano. Una tragedia así no se repetirá mientras estés cerca.
- Él tiene razón, Alaniel – intercedió Lanae – Ker sabía que perturbando las calderas del Norte, que remecieron Gea hace tres días, podría lastimarte si enfocaba en ti el impacto. Sea por el poder que habita en Helith que aminoró el golpe o independiente a ello, cierto es que el elemento te protegió. Aquel pilar de fuego que te envolvió no fue obra de Ker, como tampoco lo fue aquella fiebre.

Por supuesto que su malestar no lo había provocado aquel despreciable sujeto, poco o nada tenía que ver con ello. Las altas temperaturas que la invadieron no eran otra cosa que el peso de su culpa, el sufrimiento de los guardianes caídos de Ethiel. Sus almas habían retornado a ella, trayendo consigo el dolor.


Ese día se realizó el último banquete para los viajeros del norte. A la mañana siguiente ellos partirían rumbo al sureste buscando el hogar de la divinidad del cielo. Abundantes frutas y bebidas en copas de plata acompañaron la cena de despedida bajo la luz de las estrellas. Lanae les entregó una pequeña gema blanca, casi transparente, que expuesta a la luz del día o de la noche podía refractarla y producir destellos multicolores. Según dijo, debían presentarla al protector del altar de Isylia y él invocaría a la diosa.
El plan de viaje consistía en dejar Helith por el sur, allí donde nacen los ríos Isil y Calá formando una cuenca de pocos kilómetros para luego unirse en un sólo caudal. Siguiendo su curso llegarían al Ciriel, río principal del Este de Gea que cruza la región hasta internarse en el gran bosque de Drysis, en el centro del mundo, donde se une a los fuertes causes provenientes del norte, sur y oeste. Pero su propósito no era ir al encuentro de todas las aguas, aunque la idea era alejarse lo menos posible pues otro poder operaba en ellas y los mantendría a salvo. Una vez alcanzado el Ciriel virarían hacia el este, ascendiendo junto a él, para finalmente seguir el lento brazo del Celil cuyo origen estaba en las altas cumbres que rodean en altar del Viento.
Discutía estos temas con Darian cuando Alaniel recordó a la niña de cabello albo que la despertara esa mañana. Pudo observarla por unos momentos durante la tarde en compañía de las doncellas y definitivamente no pertenecía a aquel lugar.

- Así que ya conociste a Amilith – le dijo Darian al ser consultado, parecía conocerla bien – Es una mensajera. Fue quien nos comunicó los acontecimientos del Norte, vino hasta aquí para advertirnos y también para ayudarte. Quizá no lo notaste pero ella estuvo velando tus sueños estos días y te condujo de vuelta.
- ¿Quién es?
- Qué es, querrás decir – corrigió el de ojos grises entendiendo la intención de la pregunta – Los humanos podrían decir que es una Santa.

No fue extraño para Alaniel escuchar que Amilith la había ayudado, lo supo apenas la vio, sin embargo la respuesta de Darian nada le decía sobre su origen. Sabía de hadas, ángeles, sirenas y otros seres diferentes a los humanos pero nunca había pensado en qué lugar ocupaban los santos, si bien los conocía por relatos de la gente de Hicem le resultaban totalmente ajenos.
- Podrías verla como una sacerdotisa – continuó él – Aunque ella no es humana y su poder es muy superior. Tampoco sirve a alguno de los cuatro elementos primordiales. Su don es la sanación y proviene de Drysis.
- El don de la diosa del Árbol… - incluso a ella le maravillaba la idea.
- Así es. No existían en el pasado que recuerdas. Los santos son seres bendecidos por la diosa para traer salvación a aquellos que han sufrido y curar las heridas que el tiempo ha causado en Gea.
- Entonces existen desde hace trescientos años - segundos de silencio, luego evadió su propio comentario - ¿Cuántos de ellos hay?
- No muchos. Son sacerdotes de grandes virtudes y como sabes pocos tienen habilidades, ya sea espirituales o mentales, suficientes para ser iniciados.

Escuchaba atenta las explicaciones de Darian, era extraño enterarse que existían en Gea criaturas cuyos motivos y procedencia ella desconocía. Y más desconcertante resultaba el hecho de ser instruida por Darian cuando en otros tiempos los papeles estaban invertidos. Pero a pesar de comprender las explicaciones parecían temas completamente independientes ¿Cómo era posible que Amilith fuera una santa?

- Sí, aún es una niña – Darian callaba mucho más de lo que decía como si de un juego se tratara – No tiene edad para ser una respetable sacerdotisa y nunca lo ha sido. Además te dije que no era humana.
- ¿Entonces? – presionó Alaniel insatisfecha, le costaba creer que aquella inofensiva niña guardara tantos misterios.
- Sólo digamos que… ella es un caso especial.

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Gea fue creada a partir de energía. Todo cuanto existe en el mundo está constituido de ella. La fuente es inagotable pues forma parte de un ciclo. En el principio no tenía forma, los dioses la ordenaron y se manifestó en cuatro aspectos diferentes: Tierra, Fuego, Agua y Aire, los primeros elementos de la creación. Alrededor de Gea la energía fluye libre y pasiva, no puede ser utilizada pues sólo en Gea cobra sentido. El flujo continúa hasta que logra penetrar en las entrañas de la tierra, se transforma en energía latente que nutre todas las cosas y es capaz de crear otras nuevas.

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